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Llegó el día, pero el hincha todavía espera respuestas.

Llegó la primera cita oficial del 2026. El rival de turno para la Tarde Celeste será Universidad Católica de Ecuador, este domingo 25. Sporting Cristal aprovechará el evento para presentar un once titular que, a la fecha, muestra solo tres incorporaciones: dos laterales y un volante. Un número que, por sí solo, ya genera debate.

A ello se suman varias salidas del plantel. Algunas resultaron sorpresivas; otras, previsibles y hasta inevitables, como el caso de Pacheco, cuya salida parecía caer por su propio peso. Sin embargo, más allá de los nombres, lo que vuelve a instalarse es una sensación conocida en el hincha «el equipo todavía no parece armado para pelear el campeonato».

La preocupación no es solo deportiva. Todo indica que el club atraviesa un momento económico complejo, una realidad que hoy se refleja con claridad en la política de precios para la Tarde Celeste. Lejos de acercar al hincha en un evento que debería ser una fiesta, los costos de las entradas terminan alejándolo y desalentándolo.

La presentación del equipo, que históricamente ha sido un punto de reencuentro entre club e hinchada, llega esta vez envuelta en cuestionamientos. No solo por lo que se ve o no se ve en el armado del plantel, sino también por decisiones comerciales que parecen desconectadas del contexto y del sentir popular.

Así, la Tarde Celeste 2026 arranca con fútbol, sí, pero también con dudas. Dudas sobre el proyecto deportivo, sobre la ambición real del club y sobre si, una vez más, el hincha será quien termine pagando el costo de una gestión que todavía no ofrece respuestas claras.

 

¿Qué analizó el área comercial para fijar estos precios?

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Nuestra institución acumula cinco años sin conseguir títulos, una sequía que no puede ni debe maquillarse. Desde la dirigencia y las gerencias se ha intentado, una y otra vez, tapar el sol con un dedo, recurriendo a discursos repetidos y decisiones que apuntan más a la imagen que a una verdadera corrección del rumbo.

En ese intento por calmar a la hinchada, se ha optado por utilizar a nuestros referentes históricos, otorgándoles cargos ejecutivos dentro del club como símbolo de un supuesto cambio. La narrativa es clara: “queremos rectificar el camino”. Sin embargo, el problema no pasa por los nombres ni por los gestos simbólicos, sino por la falta de un proyecto deportivo y económico coherente.

Cinco años sin títulos no se explican con excusas ni se resuelven con maquillaje institucional. Se corrigen con autocrítica real, inversión responsable y una visión clara de club. Todo lo demás es, simplemente, postergar un problema que sigue creciendo.

La camiseta de Sporting Cristal no promete tiempo, exige respuestas.