
La camiseta le queda grande
En Sporting Cristal la paciencia no es un recurso infinito, es un crédito que se agota cuando el gol no llega y los partidos se escapan por detalles que un verdadero nueve debería resolver sin titubeos.
Vizeu volvió a quedar en deuda, no por actitud, no por entrega, sino por aquello que define su posición.
El área es territorio de especialistas y hoy Cristal no tiene un dueño allí, cada centro que atraviesa el área sin destino, cada rebote que no encuentra rematador, cada defensa rival que sale ilesa, alimenta una sensación incómoda que ya dejó de ser percepción para convertirse en evidencia.
El gol ausente, la principal deuda

El equipo genera, el equipo propone, el equipo empuja. Pero en el último toque, en el instante que separa el empate de la victoria, la contundencia desaparece y en un club que aspira a campeonar, el margen de tolerancia con su delantero centro es mínimo.
Cristal no necesita acompañamiento ofensivo, necesita determinación, no necesita movilidad decorativa, necesita impacto. El nueve celeste está llamado a resolver partidos grandes, a imponer respeto, a convertir la presión en ventaja, cuando eso no ocurre, la crítica deja de ser exageración y se convierte en obligación.
La historia del club exige delanteros que definan campeonatos, no que los observen pasar, el calendario avanza, los puntos pesan más y la pregunta ya no es si Vizeu puede mejorar.
¿La pregunta es cuánto más puede esperar Cristal?
La camiseta de Sporting Cristal no promete tiempo, exige respuestas.

